Cuando escribo y produzco mis canciones siento que me desnudo frente a mí mismo. Cada palabra y cada sonido son pedazos de lo que llevo dentro: emociones, recuerdos, ideas que a veces no sé cómo decir de otra manera. Es un espacio en el que puedo ser totalmente libre, donde nada me juzga y todo se convierte en música.
Para mí es una catarsis, un desahogo. Al mismo tiempo es una manera de conectar conmigo, de entenderme, y también de tender un puente hacia los demás. Cuando alguien escucha una canción mía y se reconoce en ella, siento que ya no estoy solo en lo que viví o lo que sentí.
Me hace sentir vulnerable, porque me expongo, pero también orgulloso, porque soy capaz de transformar algo tan íntimo en algo que suena, que vibra y que existe más allá de mí. Es un proceso que me recuerda que estoy vivo, que tengo una voz, y que la música es mi forma más honesta de contar mi historia.more