Comparto parte del día a día que Dios me permite vivir, practicando y avanzando poco a poco en la música.
Recuerdo que gracias a Dios, desde los ocho años de edad inicié el estudio musical de manera informal. Me enseñaron lo básico, desde la notación musical y los primeros himnos del himnario presbiteriano. Me enseñaron a leer las notas musicales, y durante muchos años solo tocaba si tenía las partituras. Busqué de otros maestros que me enseñaran de manera informal a tocar usando acordes y progresiones. Tuve varios maestros y gracias a Dios lo logré. El tocar en Iglesias pentecostales me ayudó mucho para practicar sacar los cantos en las distintas escalas musicales.
Gracias a Dios que me puso el anhelo de compartir en las plataformas musicales algo de lo mucho que Él me ha dado. Hay varios cantos que durante años no podía tocar, pero que ahora Dios me permite hacerlo. Continuaré mientras Dios me lo permita...